Muy bien. Ya hablamos un poco del posible origen de la figura del Cristo en una entrada anterior. Cabe delinear el lento proceso que transformó a un Mesías espiritual de sectas judías místicas en un ser cosustancial con Dios. ¿Cómo es que, de pronto, la figura de Jesús adquiere un estatus blasfematorio a todas luces para cualquier buen judío?
Está bastante claro hoy para los teólogos, que no existen referencias a la Trinidad en el Antiguo Testamento. Las citas alguna vez usadas en ese sentido – como el plural mayéutico de Dios, especialmente en Génesis – se han desechado en su mayoría. Pero entonces, ¿de dónde proviene esta doctrina?
El proceso fue, de hecho, sorprendentemente largo. A los primeros cristianos no les interesaban asuntos tan filosóficos. Eran, por lo general, gente humilde a la que sólo le inetersaba la parte práctica de la religión: adorar a Dios, agradecer a Jesús, y difundir la Buena Nueva de la Salvación por el mundo. Los primeros dos siglos de la historia cristiana no parece preocuparse demasiado de estas trivialidades.
De hecho, judíos y cristianos siguen compartiendo sinagogas, y las relaciones amistosas son estrechas – hecho bastante curioso considerando la historia posterior. Todavía en la segunda mitad del Siglo IV, San Juan Crisóstomo exhorta a los cristianos a ir a las Iglesias y no a las Sinagogas:
¿Qué vais a hacer a la sinagoga? ¿Queréis celebrar la Pascua? Y bien, nosotros también celebramos la Pascua, ¡venid con nosotros!
En las sinagogas no encontrarían doctrinas semejantes. Más aun: estarían protegidos contra tales doctrinas. Sin embargo, en la medida en que el cristianismo crece en popularidad y en influencia, el poder intelectual del cristianismo se concentra en esferas más cultivadas que comienzan una nueva era para la religión: la era de la exploración filosófica.
Ahora bien, una cuestión que debió interesar especialmente a estos cristianos racionalistas, era comprender cómo es que un humano podía ser el camino a la Salvación y a Dios. Sin duda, sentían esa pasión por Cristo y sus enseñanzas que no le admitía dudas de estar en lo cierto; pero aun así. ¿Cómo funciona el sistema creado por Dios?
Lejos de las influencias judías místicas que habían engendrado la idea del Mesías tal como lo expusiéramos en otro post, la idea de un Cristo pre-existente les era enormemente difícil de entender. Se crearon entonces diversos sistemas de comprensión de este complejo problema. Si bien existen antecedentes tempranos de una idea trinitaria, ésta toma formas diversas. El primero en usar el término es Teófilo, a fines del Siglo II. Para él, Dios se manifiesta de tres formas: Dios, Logos y Sabiduría. Pero esa apreciación rudimentaria de la Trinidad no está destinada al éxito. Se necesitaba de algo más complejo, más sublime. Algo que hable de la grandeza de Dios, y de la pequeñez del hombre.
Primero, se consideró que Dios se manifestaba de tres modos – al más puro estilo teatral – como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. Esta explicación, sencilla como suena, era un primer acercamiento, la expresión de dudas que trascendían las anteriores.
Lo importante ya no es comprender la relación de Dios, de Jesús y del Espíritu Santo con los hombres, sino entre ellos mismos. ¿Qué los une? ¿Cómo? ¿Por qué? Esas preguntas se vuelven esenciales en la vida espiritual del cristiano racional.
Otro sistema semejante, el monarquinismo dinámico – a diferencia del modalista expuesto arriba – proponía que Jesús fue un hombre al que Dios le infundió su espíritu en el bautizo del Jordán. Por tanto, reconocían en Jesús a un Mesías en el pleno sentido de la palabra – pero no a un Mesías de origen divino per se.
En unas pocas décadas, los intentos de explicación se sobrepusieron unos a otros, derivándose, excluyéndose, acusándose, sin llegar a ningún concenso. Los conceptos metafísicos cada vez más confusos alejaban a Dios incesantemente de la masa, volviéndolo una idea fría y lejana. Dios se alejaba del pueblo y se acercaba a la élite – un proceso que, eventualmente, le sería fatal.
Tertuliano, en su defensa contra el monarquinismo, propone que el Padre y el Hijo son cosubstanciales. Y es el nacimiento de la doctrina trinitaria. Tanta fuerza adquiere su teoría, que cuando Arrio sugiere que Jesús no poseía atributos divinos, es excolmugado; y para dilucidar finalmente el problema, se apela a un Concilio: el de Nicea. En él, se confirma la cosubstancilidad del Padre y del Hijo. Sin embargo, los ánimos no se calman.
Faltaron más de 50 años para que, finalmente, el Espíritu Santo también fuese divinizado, en el Concilio de Constantinopla, el año 381. La Trinidad, después de una historia de 200 años, se establecía definitivamente. ¿Su explicación? Sencilla: es un misterio incomprensible para el hombre.
Dios es grande, el hombre no. Y la Trinidad es una prueba de ello.
Saludos.

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[...] Noviembre 3, 2008 por Jezbeth En una discusión reciente, conversaba sobre cristianismo primitivo en un foro de religión. El tema específico tenía relación con el proceso de sincretismo patente en el que ha incurrido el cristianismo primitivo en sus primeros siglos de existencia, sincretismo que se expresa especialmente en los Concilios de Nicea y de Constantinopla, para formar la doctrina trinitaria que ya mencionamos en otro post. [...]